sábado, 11 de octubre de 2008

El polvo de los pobres


Ayer, una buena amiga mía me contaba de sus problemas amorosos que a mí no me parecían tan graves pero a ella sí porque son de ella. En un cierto momento, secándose las lágrimas me pregunto:

-¿Podés imaginarte algo más triste?

Y entonces puede ser que le caí mal y ya nunca más vendrá a verme porque yo le contesté que sí, sí podía imaginarme algo más triste.

-Sí, -le dije mientras ella pelaba los ojos sorprendida- el polvo de los pobres me parece mucho más triste. Imaginate, estás durmiendo, con miedo, en tu insegura casita de materiales de desecho, rodeada de tus hijos que duermen por todas partes. Tu mamá, anciana y enferma duerme un poco más allá en la misma única habitación. Es de madrugada y de pronto llega tu hombre, viene borracho pues ayer le pagaron y se fue a beber guaro. Viene caliente porque estuvo bebiendo en la cantina rodeado de putas, pero no tuvo sexo porque no tenía para pagar. Ahora viene, tropezando con todo y maldiciendo. En medio de la oscuridad aparta al más pequeñito de tus hijos, que duerme pegadito a vos, y ocupa su lugar y se aprieta contra vos. Hiede a guaro y a vómito pues siempre vomita cuando bebe. Tiene la pinga parada y te la pone contra las nalgas. Te dice que no te hagás la dormida, que te des vuelta, que para eso tiene mujer. Vos te ponés boca arriba y te quitás el calzón lleno de huecos antes que él te lo rompa, tu único calzón. Y entonces él direcciona su instrumento ¿amatorio?, empuja y te penetra con dificultad. Te duele porque estás seca, porque no estás excitada y entonces tu vagina no está lubricada, pero a él no le importa porque así le gusta más pues estás “más socadita”, como suele decir. Mete y saca un par de veces su pinga dura y termina ruidosamente. A vos te da pena pues te parece que los niños, tu mamá y todo el mundo en el barrio puede oirlo. Te pregunta si te gustó y vos le decís que sí para que no te pegue como aquella vez que le dijiste que no te había gustado. Luego se queda dormido encima de vos y tenés que apartarlo. Con asco te limpias con un trapo entre las piernas, su semen te parece repugnante. “Ojalá no me haya preñado este hijueputa” te decís a vos misma. “Malcogida y encima preñada”. Te vas a dormir para olvidarte de todo, para olvidar incluso que estás viva. “¿Viva?” te preguntás y vos misma te respondés. ” Ja. Esto no es vida, esto es otra cosa, quién sabe qué cosa, pero vida no es” y te dormís.

(Este post fue originalmente publicado en mi bloguito pequeñito en http://guacalon.tumblr.com/ en diciembre del 2007, pero como estoy cerrando ese blog por falta de lectores, lo escribo aquí para ustedes)


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