miércoles, 8 de octubre de 2008

Las cuentas de la lechera (parte 2 de 2)


Cuando ví que algunas de las personas que visitaban mis blogs se tomaban el trabajo de echar algo en mi sombrerito me puse como la lechera, de la fábula a soñar que ganaba de este modo un montón de reales. Soñé que dejaba de hacer otros trabajos para dedicarme nada más que a escribir y hasta empecé a pensar en qué gastaría todo el montón de plata que me iba a llegar por medio de mi cuenta de paypal (una de las cosas en las que iba a gastarla, dicho sea de paso era en ir a componer a Daniel Ortega y si no se componía, a botarlo)

Por algunos días y esporádicamente algunos y algunas visitantes de mis blogs me dejaron alguna platita para escribir, como esos transeúntes que dejan una moneda en el sombrero del artista callejero para que este siga ejerciendo su arte y ejecutando su acto, pero un día, así como habían aparecido los donantes, así mismo se desaparecieron y ya nadie más le volvió a hacer click al botoncito de paypal, ni siquiera por curiosidad. Como pasa con muchos de mis sueños, el sueño de hacerme rico se perdió en la bruma de mi mala memoria y un día me olvidé del sueño y del botoncito de paypal. Me puse a escribir una novela y en las trece o catorce semanas que me pasé escribiéndola de principio a fin, casi no anduve por mis blogs y nunca ví el abandonado y triste botoncito de paypal, hasta hace unos diez días más o menos, que lo noté ahí solito y me acordé de mi sueño y me dí cuenta que era un sueño sin mucha base y decidí quitar el botoncito y terminar con el sistema de patrocinio que de todos modos no estaba funcionando. Me puse a revisar de dónde llegaban mis visitantes, cómo llegaban, qué cosas andaban buscando al aterrizar en mi blog (todo eso y más cosas sé de mis visitantes) y creo haber entendido algunas de las razones por las que el sistema de patrocinio no funciona. Muchos de mis visitantes llegan por casualidad, por la vía de google, buscando cosas diferentes que las que yo puedo ofrecerles. Muchos de ellos se van rapidito, después de entender que lo que buscaban no se encuentra en mi blog. Otros encuentran aparentemente interesante lo que escribo y regresan de vez en cuando a ver qué cosas nuevas he escrito. Otros de mis visitantes llegan directamente pues han puesto mi blogs entre sus favoritos. Los más sofisticados ponen el url de mis blogs en su lector de feeds rss (no se preocupe si no entiende esto, no es importante) y ya no necesitan regresar y no regresan pues leen mis posts en otras partes, les llegan automáticamente a su computador. Todo eso lo sé leyendo las estadísticas de mi contador de visitas (que dicho sea de paso no son muchas). Las cosas que no sé me las imagino. Imagino que no son muchos los que gustan de mis escritos, que de aquellos a quienes les gusta no muchos tienen ganas de patrocinar a un bloguero, que no son muchos los que se sienten obligados a dejar una moneda al marcharse para que el escribidor siga escribiendo. Luego sueño que son otras en realidad las razones, que a la gente le fascinan mis escritos y le encantaría patrocinarme, pero no está a su alcance porque no tienen plata o no tienen manera de mandarme dinero porque no tienen tarjeta de crédito o no tienen cuenta de paypal.

Como no tenía sentido que estuviera ahí iba yo a quitar el botoncito de paypal, pero un día de estos para mi sorpresa, apareció en mi sombrero no una moneda, sino un billete, un billete grande, que me da para escribir varios post y junto con el billete una notita “me gusta leer tus cosas, seguí por favor escribiendo”. Tengo que confesarle a usted que los años y las circunstancias le han puesto un callo a esa parte de uno en la que los sentimientos se alojan y por eso son pocas las cosas que me conmueven, pero esa nota, más que las monedas, me conmovió, me dio en el matado como dicen en mi pueblo. Yo sé que hay muchos de mis lectores que disfrutan leyendo mis tonterías y me escriben para decírmelo y me encanta leer sus mensajes y esos sus mensajes son suficiente paga para mí, como el aplauso lo es para el artista callejero que no vive del ejercicio de su arte, sino que lo hace porque le gusta hacerlo, igual que a mí me gusta escribir por escribir y no vivo de ello, pero de todos modos, que alguien confirme con su moneda que le ha gustado tu acto es muy satisfactorio. Es como un largo aplauso acompañado con silbido y con un ¨bravo”.

Desde hace meses pues abandoné este sueño y ando haciendo otras cuentas de lechera, persiguiendo otros sueños y ya no voy a soñar de nuevo hacerme rico con mi humilde escritura, pero por ahora dejo ahí mi sombrero, puesto a la entrada de mis blogs, por si acaso algún día pasa por ahí Carlos Slim, el hombre que tiene más dinero en el mundo y me deja un cheque enorme que hace que a mí me agarre un infarto y entonces me muero y ya no puedo escribir más.

Nota para mis lectores palmados o sin ganas de patrocinarme: no se preocupen, sigan viniendo, saber que han venido a ver mi acto es para mí paga suficiente. De todos modos voy a seguir escribiendo.

2 comentarios:

Annita V (seudònimo) dijo...

Buenisimo!!! ajajaja me siento muy identificada. y yo definitivamente soy del grupo que no tiene cuenta Pay pal...
Te dejo mil abrazos Pio y nunca dejes de escribir.
Paz y bendiciones.

Anónimo dijo...

I wish not acquiesce in on it. I assume warm-hearted post. Specially the title attracted me to review the unscathed story.