martes, 25 de noviembre de 2008

Como cantos rodados

Allá en la primera mitad de los años noventa del siglo pasado, en un viaje fantástico que hice por la zona al sur del Río Punta Gorda y al este del Río Aguas Zarcas, en el sureste de Nicaragua, conversé por varias horas con un hombre muy viejo originario del occidente del país, que había ido buscando la vida con su gente por doquiera que la vida lo había ido llevando. En la época de la expansión algodonera en los años cincuenta su pequeña parcela había pasado a manos del capital agro-exportador y él había tenido entonces que marcharse de su lugar y en el momento de nuestra conversación, después de varias décadas y varias estaciones en su largo migrar, se encontraba en el límite último de la “civilización”, en el frente último de la frontera agrícola. Más allá de su tierra, que no era de él sino del estado y él había ido a tomarla, empezaba lo que para entonces quedaba de selva tropical en aquella esquina olvidada del país. La vida de aquel hombre y su familia había sido de lucha constante y al final la resumió para mí en una frase que se quedó grabada en mi cerebro para siempre: “nosotros, esta pobretería que usted se va a encontrar por aquí, somos como cantos rodados, esas piedras que arrastra la corriente y un día, al igual que esas piedras nosotros también terminaremos en el mar”. Los miembros de aquellas familias eran los más pobres entre los pobres, obligados por una sociedad incapaz de organizarse y dar respuestas a todos sus miembros, a procurarse la existencia en un medio muy hostil, allá lejos, en el culo del mundo, donde ya ni las radios se escuchaban porque no había dinero para comprarle baterías a los viejos aparatos de radio que aún se veían en algunas de aquellas casitas, colocados sobre repisas elevadas que semejaban altares.

No sé que habrá sido de aquel hombre y su familia y las otras familias de aquellos rincones, nunca pude ya regresar a aquellos morideros de pobres. Seguramente han vendido “su” tierra y han seguido montaña adentro, destrozando el medio ambiente, botando árboles varias veces centenarios para poder sembrar, en aquellas tierras que no sirven para la agricultura, su maíz y sus frijoles, porque la gente no come palo. En un país que debería ser riquísimo, somos incapaces de organizarnos de tal modo que podamos todos vivir una existencia digna, sin que en los basureros de las ciudades tengan los niños de los pobres que disputarse como bestias, con perros y zopilotes, los restos que habrán de servirle de alimentos y sin que allá a días de camino de la alienada ciudad, los hijos de otros pobres tengan que comer mono para poder vivir un día más eso que llaman vida.

5 comentarios:

Yetro dijo...

Pío Martínez:

Buen blog. Te estoy enlazando en el mío.

Felices Fiestas


Yetro

Pio Martinez dijo...

Gracias Yetro, lo mismo digo de tu blog. Saludos, feliz año.

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Although we have differences in culture, but do not want is that this view is the same and I like that!

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Anónimo dijo...

Muchos saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!