jueves, 20 de noviembre de 2008

Una marcha victoriosa


IMG_1344p, originally uploaded by jorgemejia.

Una mañana, algunos días después de las elecciones municipales, un asistente de Lenín Cerna, ese malvado personaje que organizó y dirigió el gigantesco fraude electoral y el caos que hemos visto en estos días, llegó a decirle a su jefe que Eduardo Montealegre organizaría una marcha en Managua para denunciar el fraude. Este siniestro personaje, que dirigiera la tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado en el gobierno sandinista de los años ochenta, ni siquiera arrugó la cara para responder con una frase lapidaria, cargada de machismo, a cuyo cumplimiento dedicaría sus acciones de los días siguientes.

─Se equivoca Montealegre si cree que va a hacer esa marcha. Está loco el ratoncito: esa marcha no va, me corto un huevo si esa marcha va.

En los días siguientes el grueso de las acciones de las oscuras fuerzas que el ex-coronel Cerna dirige, estuvieron encaminadas a evitar que la marcha se llevara a cabo y el día 18, el día programado para la marcha, centenares de criminales a sueldo traídos desde todo el país, armados de lanzamorteros, machetes, puñales, bayonetas, piedras, palos y cualquier imaginable medio de muerte, se apoderaron de diversos puntos de la ciudad de Managua y cercaron a las personas que se congregaban para marchar, evitando a golpes y pedradas que entraran al sitio muchos que hacia allá se dirigían y amenazando con romper el cerco que la policía había tendido protegiendo a quienes marcharían. Las personas que se congregaron en aquel lugar son personas de gran coraje, que fueron capaces de sobreponerse al temor que a cualquier persona civilizada le provoca encontrarse en su camino con criminales armados dispuestos a todo.

Como usted sabrá ya, la gente no marchó como se había anunciado que se haría, en su lugar se realizó ahí mismo un mitín en el que los que hicieron uso de la palabra repudiaron a voz en cuello el fraude y denunciaron el enorme dispositivo paramilitar puesto en escena aquella tarde para acallar las voces de la población. Los líderes políticos suspendieron la marcha para evitar el baño de sangre que aquellas hordas salvajes estaban ansiosas de realizar sobre aquella gente pacíficamente reunida, sin más armas que su convicción de estar haciendo lo correcto por su país y por la democracia.

Cuando las personas congregadas en aquella marcha se disolvieron, subiéndose raudas a vehículos en marcha y refugiándose por decenas en las casas de los alrededores que abrieron sus puertas de par en par para proteger a los manifestantes, las rabiosas turbas, frustradas al no poder hacer correr la sangre que habían venido a buscar, se dedicaron a destruir la propiedad privada y a disparar en impotencia sus lanzamorteros y a recorrer las calles de arriba a abajo, furiosas, como fieras enjauladas. Por suerte no encontraron a nadie, por suerte los marchistas, con sus mentes alertas, fueron más hábiles que aquellos delincuentes de mentes embotadas por el alcohol, la droga y el discurso alienante.

La intención de la marcha era denunciar el enorme fraude ante nuestra población y ante el mundo. Los orteguistas querían evitar a toda costa que marcharan aquellas personas que habían votado en contra de Ortega y las que habían sido impedidas de votar. Si marchaban, el número de los marchantes pondría en evidencia ante los ojos de todos la magnitud del fraude cometido y éste caería por su propio peso.

Pero como cada maniobra que en su desesperación han venido haciendo los orteguistas en las últimas semanas, ésta también se ha vuelto contra ellos y los ha puesto otra vez en evidencia. Para nuestra gente ─que no es idiota como piensan los orteguistas─, con este intento orteguista de esconder su acción, el fraude ha quedado más que claro. Ha quedado en claro también, ante nuestra gente y el mundo, quiénes son los salvajes, cuáles son sus métodos y cuál es el futuro que espera a este pobre país si los dejamos hacer.

Las oscuras fuerzas del orteguismo fracasaron en su intento de tapar el sol con un dedo. Fracasaron pues no pudieron evitar la denuncia de un pueblo que sabe que le han robado su voluntad. Fracasaron porque la sangre no corrió como ellos deseaban. La expresión de la población no pudo ser evitada y el eco de las voces de la marcha que no fue, fueron amplificadas, enviadas hacia el aire y resuenan aún en cada rincón de nuestro país y en las mentes de nuestra gente, entre ellas, la frase que nos juntara aquella tarde, suena a un volumen que habrá de ensordecer al dictador: “dictadura no, democracia sí”. No, no pasarán, a este nuevo dictador también lo sacaremos.

[La foto de este post tiene el copyright de Jorge Mejía, que amablemente me deja usarla aquí. Si quieren ver más fotos de la marcha visiten el album que ha subido a flicker]