viernes, 24 de julio de 2009

Allá donde vos vayas te seguirá mi olor...


Algunas de mis amistades me cuentan a veces sus historias de amor y desamor. Lo hacen porque saben que a mí me encanta escucharles y que soy una tumba y que si lo que me cuentan es secreto, su secreto morirá conmigo. El otro día, un joven amigo -que me autorizó a contarles este cuento inocente- me contaba que no sabía qué hacer con su novia porque ella lo había conminado a decidirse. O daban el paso siguiente y se casaban, le había dicho ella, o terminaban la relación. Mi amigo decía no estar muy seguro de su amor hacia ella.

-¿Cómo puedo saber con plena certeza si la quiero o no la quiero realmente? -me preguntó aquel joven, buscando en realidad una respuesta y yo que me hice más de una vez aquella misma pregunta le dí la respuesta que yo mismo encontré hace ya muchos años.

-Eso sólo lo podés saber oliendo su calzón después que lo ha tenido puesto -le dije y el joven me miró con ojos extrañados.

-Así es, si el oler su calzón te hace entrecerrar los ojos para imaginarla y te provoca una erección inmediata, será clara señal de que estás enamorado. Si por el contrario te causa desagrado y te produce una mueca de disgusto, será evidente que es hora de emigrar -continué diciendo mientras el joven me miraba pensativo.

-Entonces, si es así no hay nada más que pensar porque el olor de su calzón usado me fascina, tanto que aquí llevo uno conmigo, miralo -me dijo y acto seguido metió una mano a su maletín y sacó para mostrarme de lejos, un lindo calzoncito que llevó a su nariz.

-¿Huele bien? -le pregunté.

-Es el olor más rico que se pueda imaginar.

-A ver, dejame olerlo -le dije- para ver si es cierto.

-Tu madre, el calzón de mi mujer es sólo para mí -me respondió el amigo llevando delicadamente aquella pieza a su nariz y exhalando luego un hondo suspiro.

No hay, a mi modo de ver, una prueba más confiable del amor de un hombre hacia una mujer que esta que le sugerí a mi amigo. Los hombres con frecuencia no dicen lo que sienten o creen sentir, pero frente al calzón que su mujer ha dejado tirado en una silla, siempre inconscientemente confesarán sus sentimientos, siempre.


La foto que ilustra este post es obra de swanksalot, un usuario de flickr y puedo usarla gracias a que está registrada bajo una licencia de creative commons. Aquí la atribución.

4 comentarios:

Orlando dijo...

Pío: Muy bonito e interesante el post. Lo único que me trajo a la mente una anécdota de hace 40 años. Practicaba atletismo y en esa época algunos corredores de sprint, desinhibidamente utilizaban calzones de mujer porque decían les irritaba menos. Una vez uno de ellos dejó su calzón en el vestidor y un novato llegó ahí y creyendo que era de una atleta, comenzó a olerlo y a murmurar palabras como: Ay mamacita, que rico y demás. Todo el mundo se calló y no fue sino hasta que apareció el dueño cuando se armó el escándalo. El novato no resistió la burla y no regresó nunca más a entrenar. Cosas veredes amigo.

Un gran saludo

Yalicita dijo...

muy bueno el post, por demás ilustrativo. Creo que voy a dejar un calzón porn ahí a ver que pasa :P

Muchos saludos.

Pio Martinez dijo...

Yalicita, gracias por tu precioso comentario. Me encanta que te gusten mis posts.Yo diría que la prueba del calzón hay que reservarla para aquellos casos en que hubiera dudas sobre el amor. En tu caso, te aseguro que quienquiera sea el escogido te amará sin ninguna duda.

Orlando, esa anécdota da para todo un post. Pobre piche ese, no me habría gustado estar en sus zapatos. Espero que haya sobrevivido sin demasiados traumas. Hay que tener cuidado con los calzones desconocidos.

Anónimo dijo...

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