martes, 22 de diciembre de 2009

Sacá el jabón que llueve


En estos últimos días he tenido mucho tiempo libre y he andado por aquí y por allá, ocupado en esa inútil afición mía de observar a la gente del mismo modo que otros observan las aves, y mientras observaba, se me venía a la cabeza una reflexión que quiero compartir con usted.

Me da la impresión, o mejor dicho, quiero pensar, que a este mundo llegamos con algunas capacidades que utilizamos de niños y que luego abandonamos como producto de nuestro proceso de socialización. Una de estas capacidades es la de encontrar en la adversidad el lado bueno de las cosas.

Los niños pequeños son expertos en encontrarle el lado bueno a las dificultades. Recuerde usted, por ejemplo, lo divertido que era en su niñez cuando al vehículo en el que usted viajaba se le ponchaba una llanta allá en un camino dejado de la mano de Dios. Tenía usted entonces la oportunidad de bajarse del vehículo y explorar un territorio que le era desconocido y encontrar mil secretos ocultos a los ojos de los mayores, mientras estos se quejaban o maldecían la mala suerte.

En los días pasados ha nevado mucho en la ciudad donde vivo, tanto que ha dificultado el tráfico, provocado atrasos y en diversas formas afectado el quehacer común de las gentes. Muchos han tenido que dejar la bicicleta en casa y se han visto obligados a caminar a la tienda, el trabajo o a sus otras ocupaciones. Mucha gente anda seria, malhumorada, contrariada porque sus planes no van como deseaban. Los niños, sin embargo, andan más felices que nunca, con rostros radiantes y sonrisas de oreja a oreja. En estos días tienen vacaciones de la escuela y que precisamente ahora caiga nieve -y tanta- es un sueño hecho realidad, no importa si en el país entero todo se complica, si los trenes se detienen, si los buses dejan de circular, si los aviones dejan de salir y de llegar y los embotellamientos en las carreteras suman centenares de kilometros. Hay mil juegos que los pequeños imaginan y ejecutan con la nieve y en ella, desde tirarse bolas de nieve los unos a los otros hasta deslizarse por las pendientes -que en este país plano no son muchas ni tan pronunciadas- o jalar y empujar por turnos un trineo.

Usted puede decirme -y con razón- que ellos pueden mirar las cosas de este modo porque son niños, porque no tienen responsabilidades, porque no miran más allá de sus narices, pero yo he conocido personas que de adultos conservan aún esta cualidad de los niños y que sacan ventaja de las difíciles circunstancias en las que a veces llegan a encontrarse.

He conocido gente que es capaz de aceptar sin mas la lluvia que se les viene de pronto encima mientras van andando por un camino interminable y sacan entonces el jabón, aprovechan para bañarse y mientras se bañan cantan. Son gente que no se deja amilanar por cosas que escapan a su control y tratan de montarse sobre la ola, llevando la vieja máxima de "al mal tiempo buena cara" a su máxima expresión. Son personas muy equilibradas, muy tranquilas y yo diría que hasta muy felices.

Había pensado contarle de las cosas buenas que me han ocurrido luego de que algo imprevisto echó mis planes por el suelo. Iba a contarle de la noche de fantasía que viví una vez luego que por mal tiempo mi avión no pudo aterrizar en el aeropuerto de destino y tuvo que desviarse hacia otra ciudad. O de las dos semanas de ensueño que tuve que quedarme en una aldea del caribe porque la lancha en que viajaría no podía llegar a recogerme por la lluvia (un día, si el tiempo me alcanza pienso escribir una novela basada en esas dos semanas). Iba a contarle pues de mis experiencias, pero en su lugar recurriré a la memoria de usted y le invitaré a recordar aquellas experiencias agradables, que hasta llegaron quizá a cambiar el rumbo de su vida luego que algo imprevisto cambió los planes que había usted hecho. A lo mejor un día equivocó usted el camino y se perdió y gracias a ese error conoció a un hombre o una mujer que ama o amó. A lo mejor un día se canceló su vuelo y tuvo de esa forma la oportunidad de conocer una ciudad maravillosa. Quién sabe, busque usted en su memoria y de seguro encontrará alguna agradable experiencia que sólo fue posible gracias a un suceso imprevisto que cambió el rumbo que usted se había trazado. Claro, seguramente habrá ocasiones en las que no es posible encontrar el lado bueno, pero estas son circunstancias extremas pues en la mayoria de los casos la adversidad tiene también un lado amable.

Creo que buscarle el lado bueno al inconveniente que de pronto encontramos es una actitud más saludable que amargarse y lamentarse porque las cosas no salen como deseamos. Si no podemos cambiar las cosas será mejor relajarse y abrir los ojos para estar atentos a mirar las cosas buenas que en cualquier momento se aparecerán a nuestra vista. Quizá por cerrar los ojos de rabia no se encontrarán nuestros ojos con esos otros ojos que nos miran curiosos desde el otro lado de la sala de espera.

Un abrazo y que esta navidad y el año que viene ocurran cosas fabulosas en su vida. Ojalá y quiera usted contármelas.

2 comentarios:

Orlando dijo...

Hola Pío. Como siempre, haciéndonos reflexionar con este post tan pertinente en esta época. Deseo compartir algo que sucedió hace mucho tiempo, tendría yo unos seis años cuando una persona de La Concha llegó a buscar a mi padre para que examinara a su esposa. Era domingo, el único día de descanso de mi padre pero el juramento Hipocrático lo llevó a atender la solicitud. Le pedí acompañarlo y él accedió, por lo tanto subimos al Jeep del señor aquel, mi padre adelante y yo en la parte trasera. Después de pasar las pilas de Sapasmapa, el vehículo pasó por un trecho infame y comenzó a brincar bruscamente y en uno de los saltos yo caí a la carretera y lo peor del caso es que nadie escuchó nada y el Jeep siguió su camino. Cuando me di cuenta estaba en el suelo, todo magullado y llorando de dolor. Unos vecinos del lugar se percataron del hecho y corrieron a levantarme, me llevaron a una choza que quedaba cerca y ahí me lavaron y me dieron de beber agua. Una señora me tomó y me empezó a sobar y a tranquilizarme hasta que me dormí. Varios kilómetros después mi padre se percató de mi ausencia y el vehículo regresó despacio por todo el trayecto hasta que me encontraron. Mi padre agradeció a la familia y yo me di cuenta que también fuera de mi casa había gente buena. Mi abuela en un afán sobreprotector me había criado con la idea de que afuera todo era peligro y que sólo en la casa podía encontrar cariño y protección. Sin embargo, esos momentos que estuve con aquellos desconocidos me enseñaron que en el mundo exterior había gente de buena voluntad. Desde luego que ni mi padre ni yo le contamos nunca la verdad a la abuela, simplemente le dijimos que me había caído jugando en la casa del señor que buscó a mi padre.

Wilma dijo...

Hoi Pio,

begrijpen en lezen in het Spaans lukt me wel, maar reageren niet ;)

Ik heb mezelf laatst ongeveer hetzelfde afgevraagd/gerealiseerd. Ik was blij met de sneeuw en hoop dat iedereen wat rust zal nemen als straks, als er nog meer sneeuw valt, de wegen niet goed meer begaanbaar zijn vanwege zout-tekort. Juist op momenten dat je het dan niet verwacht en je 'gedwongen' word om wat rustiger aan te doen of eens niet te doen wat je van plan was, gebeuren de leukste dingen. Je ontmoet mensen die je opeens helpen als je het niet verwacht, of je een mooi verhaal vertellen, of je ziet iets moois, allemaal van dat soort dingen waar de snelle mens van tegenwoordig jammer genoeg meestal geen tijd meer voor heeft.

Jij ook een fijn nieuw jaar, met mooie gebeurtenissen!
Groetjes
Wilma