martes, 14 de octubre de 2008

Usted, ¿qué va a hacer?

No importa quién vote, lo que importa es quién cuenta los votos, decía Stalin el pavoroso dictador soviético del pasado siglo y repite ahora Daniel Ortega, empeñado como está en convertirse en dictador en Nicaragua, el pequeño sufrido país. Para este patético personaje no importa quien vote o por quién se vote, pues la maquinaria que cuenta los votos le pertenece y está a su servicio y los resultados de las elecciones municipales que se avecinan, serán los resultados que él indique, de común acuerdo claro está, con su socio en el crimen Arnoldo Alemán.

Si usted piensa que Eduardo Montealegre será alcalde de Managua y se convertirá de ese modo en una piedra en el zapato del dictador y su socio, déjeme decirle una cosa: los números que el Consejo S. Electoral presentará dirán que la elección la ganó Alexis Argüello, el risible candidato de Ortega.

Managua y León serán seguramente alcaldías que los sandinistas "ganarán", junto con otras de importancia, aunque usted y yo sepamos que en León nadie votará por ese candidato delincuente y en Managua serán pocos los que votarán por el pobre cándido candidato. Otras alcaldías serán "ganadas" por los liberales de Alemán porque así se ha hecho la repartición. Las elecciones serán seguramente fraudulentas y sus resultados no serán los que el pueblo ha conseguido con su voto sino aquellos que los los mafiosos han pactado de antemano.

La mente de Ortega carece de toda sofisticación, es simple, bayunca, chambona y el robo de las elecciones no se hará utilizando alta tecnología como algunos podrían pensar, sino las mismas rudimentarias maneras que utilizaban los ídolos de Ortega y de Alemán, los Somoza. Las elecciones se robarán en las urnas y los fiscales electorales quizás ni siquiera podrán mirar o entender cómo fue que ocurrió.

Por eso es importante votar por Montealegre en Managua, porque de esa manera el fraude será más evidente. Olvídese de votar en blanco, de votar nulo, vaya y vote y no escuche a los sandinistas disfrazados de ovejas diciendo que no hay que votar o votar nulo. El voto nulo y la abstención serán los instrumentos que Ortega y Alemán probablemente utilizarán para legitimar su acción inícua.


continuará más tarde porque estoy ocupado...

sábado, 11 de octubre de 2008

El polvo de los pobres


Ayer, una buena amiga mía me contaba de sus problemas amorosos que a mí no me parecían tan graves pero a ella sí porque son de ella. En un cierto momento, secándose las lágrimas me pregunto:

-¿Podés imaginarte algo más triste?

Y entonces puede ser que le caí mal y ya nunca más vendrá a verme porque yo le contesté que sí, sí podía imaginarme algo más triste.

-Sí, -le dije mientras ella pelaba los ojos sorprendida- el polvo de los pobres me parece mucho más triste. Imaginate, estás durmiendo, con miedo, en tu insegura casita de materiales de desecho, rodeada de tus hijos que duermen por todas partes. Tu mamá, anciana y enferma duerme un poco más allá en la misma única habitación. Es de madrugada y de pronto llega tu hombre, viene borracho pues ayer le pagaron y se fue a beber guaro. Viene caliente porque estuvo bebiendo en la cantina rodeado de putas, pero no tuvo sexo porque no tenía para pagar. Ahora viene, tropezando con todo y maldiciendo. En medio de la oscuridad aparta al más pequeñito de tus hijos, que duerme pegadito a vos, y ocupa su lugar y se aprieta contra vos. Hiede a guaro y a vómito pues siempre vomita cuando bebe. Tiene la pinga parada y te la pone contra las nalgas. Te dice que no te hagás la dormida, que te des vuelta, que para eso tiene mujer. Vos te ponés boca arriba y te quitás el calzón lleno de huecos antes que él te lo rompa, tu único calzón. Y entonces él direcciona su instrumento ¿amatorio?, empuja y te penetra con dificultad. Te duele porque estás seca, porque no estás excitada y entonces tu vagina no está lubricada, pero a él no le importa porque así le gusta más pues estás “más socadita”, como suele decir. Mete y saca un par de veces su pinga dura y termina ruidosamente. A vos te da pena pues te parece que los niños, tu mamá y todo el mundo en el barrio puede oirlo. Te pregunta si te gustó y vos le decís que sí para que no te pegue como aquella vez que le dijiste que no te había gustado. Luego se queda dormido encima de vos y tenés que apartarlo. Con asco te limpias con un trapo entre las piernas, su semen te parece repugnante. “Ojalá no me haya preñado este hijueputa” te decís a vos misma. “Malcogida y encima preñada”. Te vas a dormir para olvidarte de todo, para olvidar incluso que estás viva. “¿Viva?” te preguntás y vos misma te respondés. ” Ja. Esto no es vida, esto es otra cosa, quién sabe qué cosa, pero vida no es” y te dormís.

(Este post fue originalmente publicado en mi bloguito pequeñito en http://guacalon.tumblr.com/ en diciembre del 2007, pero como estoy cerrando ese blog por falta de lectores, lo escribo aquí para ustedes)


miércoles, 8 de octubre de 2008

Las cuentas de la lechera (parte 2 de 2)


Cuando ví que algunas de las personas que visitaban mis blogs se tomaban el trabajo de echar algo en mi sombrerito me puse como la lechera, de la fábula a soñar que ganaba de este modo un montón de reales. Soñé que dejaba de hacer otros trabajos para dedicarme nada más que a escribir y hasta empecé a pensar en qué gastaría todo el montón de plata que me iba a llegar por medio de mi cuenta de paypal (una de las cosas en las que iba a gastarla, dicho sea de paso era en ir a componer a Daniel Ortega y si no se componía, a botarlo)

Por algunos días y esporádicamente algunos y algunas visitantes de mis blogs me dejaron alguna platita para escribir, como esos transeúntes que dejan una moneda en el sombrero del artista callejero para que este siga ejerciendo su arte y ejecutando su acto, pero un día, así como habían aparecido los donantes, así mismo se desaparecieron y ya nadie más le volvió a hacer click al botoncito de paypal, ni siquiera por curiosidad. Como pasa con muchos de mis sueños, el sueño de hacerme rico se perdió en la bruma de mi mala memoria y un día me olvidé del sueño y del botoncito de paypal. Me puse a escribir una novela y en las trece o catorce semanas que me pasé escribiéndola de principio a fin, casi no anduve por mis blogs y nunca ví el abandonado y triste botoncito de paypal, hasta hace unos diez días más o menos, que lo noté ahí solito y me acordé de mi sueño y me dí cuenta que era un sueño sin mucha base y decidí quitar el botoncito y terminar con el sistema de patrocinio que de todos modos no estaba funcionando. Me puse a revisar de dónde llegaban mis visitantes, cómo llegaban, qué cosas andaban buscando al aterrizar en mi blog (todo eso y más cosas sé de mis visitantes) y creo haber entendido algunas de las razones por las que el sistema de patrocinio no funciona. Muchos de mis visitantes llegan por casualidad, por la vía de google, buscando cosas diferentes que las que yo puedo ofrecerles. Muchos de ellos se van rapidito, después de entender que lo que buscaban no se encuentra en mi blog. Otros encuentran aparentemente interesante lo que escribo y regresan de vez en cuando a ver qué cosas nuevas he escrito. Otros de mis visitantes llegan directamente pues han puesto mi blogs entre sus favoritos. Los más sofisticados ponen el url de mis blogs en su lector de feeds rss (no se preocupe si no entiende esto, no es importante) y ya no necesitan regresar y no regresan pues leen mis posts en otras partes, les llegan automáticamente a su computador. Todo eso lo sé leyendo las estadísticas de mi contador de visitas (que dicho sea de paso no son muchas). Las cosas que no sé me las imagino. Imagino que no son muchos los que gustan de mis escritos, que de aquellos a quienes les gusta no muchos tienen ganas de patrocinar a un bloguero, que no son muchos los que se sienten obligados a dejar una moneda al marcharse para que el escribidor siga escribiendo. Luego sueño que son otras en realidad las razones, que a la gente le fascinan mis escritos y le encantaría patrocinarme, pero no está a su alcance porque no tienen plata o no tienen manera de mandarme dinero porque no tienen tarjeta de crédito o no tienen cuenta de paypal.

Como no tenía sentido que estuviera ahí iba yo a quitar el botoncito de paypal, pero un día de estos para mi sorpresa, apareció en mi sombrero no una moneda, sino un billete, un billete grande, que me da para escribir varios post y junto con el billete una notita “me gusta leer tus cosas, seguí por favor escribiendo”. Tengo que confesarle a usted que los años y las circunstancias le han puesto un callo a esa parte de uno en la que los sentimientos se alojan y por eso son pocas las cosas que me conmueven, pero esa nota, más que las monedas, me conmovió, me dio en el matado como dicen en mi pueblo. Yo sé que hay muchos de mis lectores que disfrutan leyendo mis tonterías y me escriben para decírmelo y me encanta leer sus mensajes y esos sus mensajes son suficiente paga para mí, como el aplauso lo es para el artista callejero que no vive del ejercicio de su arte, sino que lo hace porque le gusta hacerlo, igual que a mí me gusta escribir por escribir y no vivo de ello, pero de todos modos, que alguien confirme con su moneda que le ha gustado tu acto es muy satisfactorio. Es como un largo aplauso acompañado con silbido y con un ¨bravo”.

Desde hace meses pues abandoné este sueño y ando haciendo otras cuentas de lechera, persiguiendo otros sueños y ya no voy a soñar de nuevo hacerme rico con mi humilde escritura, pero por ahora dejo ahí mi sombrero, puesto a la entrada de mis blogs, por si acaso algún día pasa por ahí Carlos Slim, el hombre que tiene más dinero en el mundo y me deja un cheque enorme que hace que a mí me agarre un infarto y entonces me muero y ya no puedo escribir más.

Nota para mis lectores palmados o sin ganas de patrocinarme: no se preocupen, sigan viniendo, saber que han venido a ver mi acto es para mí paga suficiente. De todos modos voy a seguir escribiendo.

lunes, 6 de octubre de 2008

Las cuentas de la lechera (parte 1 de 2)


En algún momento del año 2007, alguien me escribió privadamente para decirme que le gustaban mucho mis posts y me preguntaba por qué no escribía yo con más frecuencia en mis blogs. Yo le respondí agradeciéndole la gentileza y le expliqué que escribir me tomaba mucho tiempo y que yo tenía que trabajar para vivir y le dije medio en serio y medio en broma que si alguien me pagaba para escribir yo con gusto me sentaría cada día a hacerlo hasta quedarme dormido frente a la computadora, muerto de cansancio. Esta persona continuó escribiéndome y me dijo que si era así, con gusto me pagaría para escribir, aunque fuera por algunas horas nada más y me preguntó cómo podía hacer para mandarme dinero. Fue así como nació la idea de establecer el sistema de patrocinio que ya no recuerdo cuando empezó pero cuyo anuncio lo hice en este mismo blog en un post al que le puse fecha de enero 2007. Abrí entonces una cuenta de Paypal para que toda persona que me leyera y le gustaran mis escritos pudiera hacer click en el botoncito de paypal que puse en mis blogs pagándome de esta simple manera para escribir. Mis posts, que eran el producto de mi hobby de escribir, pasaban de este modo a convertirse en mercancía. Establecí el arbitrario precio de cinco euros por cada cien de palabras escritas en parte porque cinco euros es la cantidad mínima de una transacción de Paypal y en parte porque me pareció un precio razonable, visto el esfuerzo y el tiempo que me toma escribir cien palabras bien interconectadas entre sí. Escribí un post anunciando el establecimiento del sistema de patrocinio y explicándole a la gente cómo podía hacer para pagarme. En los primeros días algunas personas hicieron uso del botoncito de PayPal, me mandaron dinero y yo escribí algunos posts. Cuando ví que había gente, aunque no fuera mucha, que estaba dispuesta a pagarme para escribir la cabeza se me llenó de humo y empecé a hacer las cuentas de la lechera y para que sepa a qué me refiero transcribo aquí para usted la Fábula de La Lechera, de Félix María de Samaniego (1745-1801).

LA LECHERA

Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte.

¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento.

Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío".

"Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga".

"Llevarélo al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña".

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que, a su salto violento,
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.

jueves, 2 de octubre de 2008

Juntos pero no revueltos

Acá en Holanda, donde vivo, se encuentra uno a veces con parejas que, cuando uno que es curioso, va a indagar un poco más, se da cuenta que son del tipo "samen apart wonen", que al español podría traducirse como "viviendo juntos separados" o algo así. En este caso, la pareja no vive junta bajo un mismo techo sino que cada miembro tiene su propia casa o apartamento al que cada cual se retira cuando así le parezca. Conozco parejas que llevan en esa situación muchos años y no parece que van a cambiar. Algunas de estas parejas están unidas incluso por el lazo matrimonial, están casados pues, pero sin vivir juntos. ¿Qué le parece?

Yo no he hecho ningún estudio científico sobre el efecto de este tipo de relación en la felicidad de la persona, pero si usted me lo pregunta, le responderé que las pocas parejas de este tipo que yo conozco, todas sin excepción se ven muy felices. Estas parejas me hacen pensar que a lo mejor tendría razón Cristobal Maldidier, un francés muy flaco que fumaba mucho, cuando me decía una vez, hace veinte años, que uno no debía irse a vivir con la mujer amada porque entonces se le hacía daño al amor.

Juntos pero no revueltos. ¿Se le ocurren a usted algunas ideas?

lunes, 28 de abril de 2008

A la estimable clientela

Me he perdido de este blog últimamente y me parece que ya es hora de contarles la razón, aunque ustedes no me hayan preguntado: estoy escribiendo una novela, un viejo propósito al que hasta ahora le dedico el tiempo necesario para realizarlo. En este momento estoy entrando casi al capítulo final, quizás el más complicado de todos y seguramente el más difícil de escribir. A finales de mayo habré concluido esta aventura y empezaré a regresar a mis queridos blogs y a mis amables y pacientes lectores.

Todavía no sé bien cuál será el destino final de la novela. El destino que tome no depende sólo de mí en este momento. Si algún día la publico como un blog, no será en este año, si acaso el año próximo.

Un abrazo.

sábado, 10 de noviembre de 2007

En edad de tener querida (parte 4)

Cuando regresó de la iglesia, una hora y media después de haber salido, la tía Pilar encontró una nota del tío Felipe en la que le pedía cenar sin él, pues el mandador había venido a avisarle que con la lluvia una vaca se había caído de una loma y estaba muy golpeada. El tío Felipe había ido a verla y regresaría por la noche. La tía se sentó en una mecedora a seguir leyendo Anna Karenina. Ya tendría tiempo después para decirle a Felipe que debía respetar los horarios establecidos, por ahora y por ser la primera vez se lo dejaría pasar.

La tía cenó y luego continuó leyendo y a eso de las nueve de la noche se fue a dormir. El tío regresó una hora más tarde, tratando de no despertarla. Ella se despertó de todos modos pero fingió dormir. Con los ojos cerrados lo oyó siguiendo sus rituales de antes de irse a acostar. Después de tantos años de vivir juntos ella podía adivinar cada movimiento suyo escuchando cada ruidito. Se dió vuelta en la cama y se puso de costado, dándole la espalda al sitio que Felipe ocupaba en la cama, del mismo modo que lo hacía cada noche. Ella se iba siempre a dormir antes que él y luego él venía y la rodeaba con su fuerte brazo, la besaba delicadamente en la nuca y ella se sentía entonces, cada noche, la mujer con la mejor suerte en el mundo. Esa noche no fue diferente de las otras y aunque él olía a un jabón diferente, el fuerte abrazo y el suave beso, confirmaban que nada había cambiado. La tía fingió despertar, se viró, besó al tío rápidamente y sonrió.

-¿Se murió la vaca vieja? -preguntó.

-No se murió y no era tan vieja, era más bien nuevona, del golpe quedó medio renca pero ya mañana o pasado estará bien -el tío habló en doble sentido, tratando de descubrir si Pilar había tenido algo que ver en el súbito cambio de la viuda, que había pasado de rechazarlo a suplicarle casi. Según él, si Pilar reía sería porque había entendido la broma y si había entendido sería porque algo tenía que ver en el asunto. La tía rió para sus adentros pero se hizo la desentendida.

-¡Qué bueno! -dijo la tía-, buenas noches, que durmás bien.

-Buenas noches -respondió Felipe- que durmás bien vos también.

Un minuto después ambos dormían plácidamente.

lunes, 5 de noviembre de 2007

En edad de tener querida (parte 3)

Bajo el intenso aguacero, Felipe regresó a su casa a media tarde. Venía serio y se veía agitado.

-¿Qué pasó? -preguntó la tía, un tanto molesta por ver interrumpida su lectura. Por esos días leía de nuevo Ana Karenina, de Tolstoy su ruso favorito y le irritaba sobremanera tener que dejar de leer enmedio de un capítulo.

-Pasa que no pasa nada, eso es lo que pasa -el tío Felipe tenía arrugado el entrecejo, que sólo raras veces arrugaba, en las muy contadas ocasiones en que algo le disgustaba.

- Le dijiste al fin lo que querías.

-Ajá.

-Y te dijo que no.

-Ajá.

-¡Qué atrevida! ¿Qué se habrá creído esta?

-La puse contra la pared y casi que la garnaché.

-¿Gritó?

-No, no gritó.

-¿Decía que no bajito? -la tía iba trás los detalles.

-Es que no había nadie en la casa, los muchachos se fueron con la abuela, nadie la hubiera oído de todos modos.

-Pero ella no gritó, dijo que no bajito, en un susurro.

-Exactamente.

-Y te empujaba hacia atrás pero sin mucha fuerza, diciendo "no, no, por favor, no".

-Esa es la descripción exacta.

-Entonces ella quiere, pero hay algo que la detiene -dijo la tía, pensativa-, una mujer que no quiere grita, patalea, araña, escupe y muerde.

-Dice que no puede hacerte esto a vos -dijo el tío Felipe.

-Buena muchacha es esa. Tendrás que seguir intentándolo.

-No Pilarica, yo paro aquí. No me gusta este asunto y yo no necesito querida.

-Bueno -dijo la tía Pilar- dejémoslo aquí pues.

-Voy a bañarme en la lluvia en el patio de atrás -dijo el tío Felipe dejando la mecedora en la que se había sentado- talvez así se me pasa la agitación.

-Andá bañate, yo ya vuelvo, tengo que ir un rato a la iglesia.

-¿A esta hora y bajo esta lluvia?

-Las cosas de Dios están primero que nada -dijo la tía Pilar.

-Pero si vos no creés en Dios.

-Claro que sí Felipe, es en los curas en quienes no creo mucho.

-Que te vaya bien pues, llevate un paraguas.

La tía salió presurosa a la calle llevando un paraguas que olvidó abrir. Iba hablando para sí y por suerte no había nadie que la viera pues la habrían tomado por loca.

-Mujercita más babosa -iba diciendo la tía- qué se habrá creído, despreciar a este hombre tan bueno y tan guapo. Loca está esta jodida.

Cien metros más adelante recordó abrir el paraguas y empezó a caminar más despacio. Iba hacia la casa de la viuda, en una misión muy rara. Iba a convencerla de ceder a los requiebros amorosos de su marido. La viuda pensaría que estaba loca -y a lo mejor lo estoy -se dijo a sí misma-, pero ya casi llego y de aquí no me regreso.

La viuda le abrió la puerta, sorprendida de verla.

-Doña Pilar, que milagro, pase, pase que se va usted a resfriar - la viuda la acogió amablemente.

-Estoy haciendo café, para el frío -siguió diciendo la viuda- ¿le sirvo una tacita?

-Pues no me caerá nada mal -dijo la tía Pilar al mismo tiempo que se sentaba. "Esta no me dice nada" pensaba la tía, "o no se atreve o no quiere que me entere para más adelante ceder con Felipe".

El café y las galletitas lo acompañaron las dos mujeres con una plática amena pero superficial. Ambas reían, divertidas pues en verdad simpatizaban la una con la otra. La tía no había venido a socializar así que en un momento de silencio habló al fin.

-Matilde -dijo la tía- tengo que decirte que yo sé bien de las visitas de Felipe a esta casa.

-Don Felipe es muy amable -trato Matilde de minimizar el asunto- me ha ayudado a reparar la casa, enviado por usted por supuesto.

-También sé que te quiso garnachar -dijo la tía y una ola de rubor cubrió el rostro de la viuda.

-Yo no se lo decía a usted porque no quiero que ustedes se vayan a distanciar por eso. Los hombres son así, buscan otras mujeres, pero usted es la mujer que este señor quiere y la única que de verdad le interesa. Si intentó hacer algo conmigo es porque a lo mejor me mira como un juguete. Así son los hombres, como los gatos, que matan un ratón para jugar nada más, no porque tengan hambre, sino porque dio la casualidad que el ratón pasó por donde ellos estaban echados.

-Felipe me contó y me dijo también que vos lo rechazaste.

-Así es doña Pilar, yo no puedo hacerle caso a un hombre casado, mucho menos al marido de una señora por la que tanto aprecio y tanta estima tengo.

-Gracias Matilde, te agradezco mucho que me guardés las espaldas. Pero decime una cosa: ¿Te disgusta mi marido?

-No sé por qué me lo pregunta usted, pero: ¿Quiere que le de una respuesta franca? -la viuda miró directamente a los ojos de la tía y sin esperar una respuesta prosiguió- su marido es un hombre muy atractivo, tuve que sacar fuerzas de sabrá Dios dónde para decirle que no, que por favor me dejara. Yo no soy de palo y nadie se me había acercado tanto desde le muerte de Medina, de eso hace ya más de medio año, pero por suerte don Felipe aceptó mi no, cosa que no todo hombre acepta. Ahora, doña Pilar, -dijo la viuda avergonzada y bajando la vista- si usted deja de hablarme y termina aquí su amistad conmigo yo lo entenderé muy bien. Pero déjeme decirle nada más que esto no es algo que yo haya buscado, eso se lo puedo jurar por lo más santo que yo tengo.

-Matilde, yo te tengo un gran aprecio y un gran cariño y tu actitud y estas palabras que ahora me decís sólo hacen que mi estima hacia vos aumente. La tía tenía los ojos húmedos, estaba en verdad conmovida. La viuda rompió a llorar.

-Gracias por su comprensión doña Pilar -dijo la viuda- le aseguro que esto no volverá a repetirse. Don Felipe no volverá a entrar a esta casa, se lo prometo.

-Matilde -dijo la tía Pilar- Felipe es mi adoración. ¿Vos podrías entender que yo no me ponga brava con él por querer convencerte a vos de hacer aquello que te conté?

-Doña Pilar, yo lo entiendo perfectamente. El finado Medina era mi adoración, así como don Felipe lo es de usted, pero ese hombre era muy caliente y cada vez que podía se acostaba con alguna mujer. Yo sabía de sus andanzas pero nunca lo dejé porque el siempre me convenció de que su verdadero amor era yo. Además el podia andar con la mujer que fuera pero siempre que volvía a la casa me demostraba su amor de nuevo. El día de su velorio vinieron un montón de sus amores de ocasión a despedirlo, ahí estuvieron llorándolo en los rincones y más de una vino a abrazarse conmigo. Yo no le hice mala cara a ninguna de ellas pues ninguna me hizo a mí nada, era Medina el bandido, ellas sólo eran débiles, además, mal gusto no tenían las muy putas, perdóneme usted la palabra.

La tía Pilar rompió a reir a carcajadas ante las ocurrencias de la viuda y ésta la acompañó, riendo también. Por un buen rato un ataque de risa hizo presa de ambas y no podían ni mirarse pues rompían de nuevo a reir.

-Sos increíble muchacha -dijo la tía cuando pudo al fin hablar- si hasta parecés hija mía. Ahora dejame que te diga una cosa. No tenés que decirle que no a Felipe -la viuda peló los ojos sorprendida, Pilar siguió hablando-, si vos querés tener algo con él yo no voy a meterme en eso. Felipe te busca para una relación larga, no para un polvito y ya, así que si te metés con él ya sabés por donde va la cosa. Pase lo que pase quiero que vos y yo sigamos siendo amigas. Si vos podés compartir un hombre, yo también puedo.

-Esto es lo más raro que he oído en mi vida -dijo la viuda.

-Es lo más raro que yo haya dicho nunca- dijo la tía Pilar, sonriendo.

-¿Y por qué lo hace usted? -preguntó la viuda.

-¿Te sabés el cuento de Salomón y las mujeres que reclaman un niño como suyo? -respondió Pilar y siguió hablando-, yo soy como la madre, que cede al niño con tal de que éste viva. Yo quiero que Felipe sea feliz y creo que puede ser más feliz con dos mujeres que con una sola. -La tía calló y se produjo un silencio larguísimo que la misma tía volvió a romper.

-No hay muchos hombres en este pueblo -dijo- así que si yo fuera vos no dejaba pasar esta oportunidad. Si un día se aparece otro hombre que te guste siempre podés dejar este enredijo. No tenés mucho tiempo para pensarlo, yo conozco a Felipe y para mañana por la mañana habrá decidido morderse el culito como los zompopos y no buscarte más y aunque vos llegués a rogarle de rodillas te va a decir que no. Es un hombre muy orgulloso, así que si querés algo con él tenés que ir a buscarlo a su casa hoy, ahorita mismo, y del modo que sea convencerlo de venirse para acá con vos. Yo voy a quedarme un buen rato en la iglesia, pero como en una hora voy a estar de vuelta en la casa. Ese es el tiempo que tenés, decile que invente cualquier excusa -que vino el mandador a decir que una vaca se mató, por ejemplo- y que se venga para acá.

-Una hora pues... -dijo la viuda.

-Una hora para convencerlo de venirse para acá. Sólo tres cositas quiero pedirte, una es que nunca lo dejés quedarse a dormir con vos, mandalo siempre de regreso para su casa. La otra es que jamás se te olvide que la esposa soy yo. La última es que nunca le digás que tuvimos esta plática. Los hombres no tienen que saber todas las cosas.

-Pierda cuidado doña Pilar, tendré siempre en cuenta esas tres cosas.

-Pierdo el cuidado, gracias por el café.

-Gracias por su visita, que espero no será la última.

-No será. Fue un placer hablar con vos. Nos vemos.

-Que le vaya bien -Pilar se marchó de prisa por la calle húmeda y la viuda se quedó aún un momento viéndola caminar hacia la iglesia, cerró luego la puerta trás de sí y se recostó en ella. El corazón le palpitaba a gran velocidad. "Una hora" se dijo y entrecerró los ojos.

viernes, 2 de noviembre de 2007

En edad de tener querida (parte 2)

Aquella tarde, el tío Felipe y la tía Pilar se pusieron de acuerdo en que el tío se buscaría una amante porque según la tía una sola mujer no era suficiente para un hombre tan amoroso y ardiente.

-¿Querés que hable yo con ella? ¿Querés que te la convenza? -había preguntado la tía Pilar.

-No Pilarica, si me voy a buscar una querida me la voy a conseguir yo mismo, ¡No faltaba más! Yo mismo la voy a enamorar y la voy a conseguir. Vos estate quieta que podés enredar la cosa.

-Pero mirá Felipe que vos no sos muy bueno en eso de enamorar. Me preocupa que la mujer no te haga caso y que otro bandido te la vaya a quitar.

-Estás loca, yo soy un campeón en estas lides. ¿Acaso no te conseguí a vos?

-¡Ja! Yo fui quien te enamoró pues vos nunca actuabas. Si me hubiera quedado esperándote me habría quedado a vestir santos.

-Bueno, así no es como yo recuerdo las cosas, pero mejor dejémoslo hasta aquí nomás. Yo voy a conseguir a la mujer y ya.

El tío Felipe, parsimonioso hasta decir quitá se puso manos a la obra, pero los días fueron pasando y fue evidente que los temores de la tía Pilar no eran del todo infundados. Una tarde que el tío Felipe se sentó a la mesa malhumorado, la tía pIlar creyó oportuno hablar con él y ofrecerle ayuda.

-¿No va bien la cosa, Felipe?

-No, no va bien. No me la he volado si a eso te referís.

-¿Querés que hable con ella? -Preguntó la tía.

-¿Y qué le vas a decir? -respondió el tío mirándola de mal modo, y continuó- Seguro que le vas a decir "Mirá Fulanita, ¿Se lo podrías prestar a mi marido?" Vos sí que estás mal de la cabeza. Ya te dije que no te metás que esto lo arreglo yo mismo.

-Tenés que apurarte, esmerarte. A este paso te la quitan. He oído que Sacasa ha estado pasando por allá y ese hombre es zángano, sus mujeres le tienen más de cuarenta hijos.

-Sacasa no tiene ahí ninguna esperanza, ese sólo consigue muchachas del pueblo, criadas, esta mujer es de otro nivel. Además él es sólo amigo de ella, desde tiempos del finado. Pasa por donde ella para dejarle leche y a veces alguna cuajada.

-Pues a cuajadazos te la va a quitar. ¿Y vos qué tanto es lo que hacés allá? Porque últimamente te pasás las tardes en esa casa.

-Yo le dije que vos me mandaste a ayudarle a reparar los cuartos de allá atrás que se estaban cayendo.

-¡Ah! Es que ahora sos carpintero...

-Y pocero.

-¿Cómo es eso?

-Le limpié el pozo que se le había desbarrancado en el fondo.

-¿Te metiste al pozo? Ay Dios, ¡te me vas a ahogar!

-Me metí junto con "chancho rapado", el albañil. Tres días trabajamos y lo dejamos nítido. El mejor pozo del pueblo.

-Estás muy trabajador. Y aquí ni siquiera agarrás una escoba para hacer la mueca de barrer.

-Vos tenés catorce criadas, a aquella pobre mujer sólo le ayuda la mama, que además de vieja está toda achacosa.

-Sos un exagerado, sólo tengo dos mujeres.

-Y la cocinera.

-Tres.

-Y la que hace los mandados.

-Eso suma cuatro, no catorce, ¿Pero vos ya le dijiste a la viuda lo que querés de ella?

-Todavía no -respondió el tío, como apenado- el día que se lo iba a decir empezó a llorar, acordándose del finado Medina.

-Y vos por saupuesto le dijiste que Medina era un hijueputa, un canalla, que la dejó en la calle por zángano y por bolo, que se murió por estúpido porque nada tenía que andar haciendo en esa barrera de toros y menos así de borracho como andaba.

-Cómo se te ocurre que yo le pueda decir eso. Medina está muerto y no es correcto hablar mal de los muertos.

-Maridito lindo, yo te quiero mucho pero déjame decirte una palabra: ¡bruto! con B de buerro grande. Para conseguir a una mujer no se le habla bien del marido, por muy vivo o muerto que esté. Siempre hay que echarle tierra si es que está vivo y si está muerto hay que echarle más tierra aún porque no puede defenderse y para que no se salga del hoyo. En este asunto uno debe ser implacable.

El tío Felipe miró a su mujer como si esa hubiera sido la primera vez que la veía. Después de un rato de mirarla empezó a reirse a carcajadas.

-¡Ahora resulta que sos experta en estos asuntos. Y desalmada además! Vos pensás que porque leés novelitas de amor francesas sabés todo sobre el amor, ja. Pues para que sepás yo no voy a echarle carbón al finado Medina para tener algo con su viuda. Si voy a llevármela a la cama será a mi modo, limpiamente, sin tener que desfigurarle la imagen al pobre Medina, que además me caía bien con todo y sus defectos.

La tía se quedó callada esa tarde y por un buen tiempo más no habló más del asunto. La idea de mandar a Felipe a buscarse una querida no había sido tan mala, pues aunque la señora aquella no lo dejara aún entrar en su cama, el tío tenía ahora una entretención y se pasaba muchas horas fuera de casa, dejándola a ella en libertad para ocuparse de sus propias cosas que a fin de cuentas era lo que ella quería. La tía había empezado a escribir una novela de amor, pero poco a poco había ido cayendo en la cuenta que ese asunto de escribir era más difícil de lo que parecía. Escribir aquella novela era como armar un rompecabezas sin tener frente a sí el modelo y aunque tuviera todas las piezas necesarias, por más que se esforzara no lograba armarlo bien, no lograba escribir lo que quería y del modo como lo quería. Le faltaba leer más -pensaba la tía- para aprender a narrar los episodios de amor y por eso en los últimos días devoraba más que leía, novela tras novela. Había descubierto a los escritores rusos y estaba fascinada con aquella manera de describir las cosas que tenían los rusos, quizás por provenir de aquellos enormes territorios helados. Así pasaron tres meses.

Una tarde de mayo empezaron las lluvias.